Diagnóstico de glaucoma

Para detectar el glaucoma hay una serie de pruebas que deben llevarse a cabo por el oftalmólogo:

TONOMETRÍA:

Se realiza con un tonómetro (Fig. 1). Es la medida de la presión intraocular (PIO). De forma consensuada se establece como presión ocular normal la que está en un rango de 10 a 21 mmHg. Una PIO por encima de 21 puede ser sugerente de glaucoma, pero no siempre es así, se necesitarán más pruebas complementarias para llegar al diagnóstico. Hay pacientes que tienen tensiones oculares altas sin daño en el nervio óptico, estos pacientes no son glaucomatosos, sino hipertensos oculares; igualmente hay pacientes con PIO “normal” que asocia daño neurológico, son los considerados glaucomas normotensivos.



Fig 1: Tonómetro Perkins

PAQUIMETRÍA:

Es la medida del grosor corneal. La tonometría puede estar influida por este grosor , su conocimiento ayuda a hacer modificaciones a la alta o a la baja de la PIO según sea en cada paciente.

GONIOSCOPIA:

Esta prueba permite hacer una valoración del ángulo camerular, el lugar anatómico por donde debe drenar el líquido que produce el ojo y que es causa del exceso de PIO, el humor acuoso. Según el aspecto del ángulo se establece el tipo de glaucoma, de ángulo abierto o de ángulo cerrado. Se realiza con una lente especial que contacta directamente con la córnea protegida por un gel.

OFTALMOSCOPÍA:

Permite la evaluación directa del nervio óptico detectando los signos de glaucoma; frecuentemente para poder hacer una buena observación se requiere dilatar la pupila con colirios midriáticos. El nervio óptico sano está formado por más de un millón de fibras nerviosas, son éstas fibras las que se dañan en el glaucoma y cambian el aspecto del nervio óptico,  aumentando su excavación y produciendo un daño funcional en el campo visual.

OTRAS PRUEBAS ESTRUCTURALES:

A parte de la estéreo fotografía para evaluar el aspecto del nervio óptico y ver su progresión, en el momento actual existen aparatos que usan diferentes tecnologías para cuantificar el grosor de la capa de fibras nerviosas de la retina; establecen una comparativa con una base de datos corregida por edad para así poder llegar  a determinar la normalidad o no del nervio óptico. Aquí podemos incluir otras pruebas estructurales como la OCT ( Tomografía óptica de coherencia) o el HRT ( Tomógrafo retinal Heidelberg).

CAMPIMETRÍA (PRUEBA FUNCIONAL):

También conocida como perimetría, permite hacer una evaluación del campo visual de cada ojo. Se trata de un aparato que emite unos estímulos luminosos de distinta intensidad acompañados de un sonido, cuando el paciente ve el punto luminoso con el ojo que se examina debe pulsar un botón indicando que lo ha percibido. La localización de los defectos en el campo visual ayudan a determinar la intensidad del daño neurológico y su correspondencia con el defecto anatómico del nervio óptico. Muchos defectos campimétricos serían indetectables sin esta prueba, al ser una prueba subjetiva y  que requiere la colaboración del paciente es muy importante su buena realización para que pueda ser fiable. Suele realizarse con una frecuencia variable dependiendo de cada caso, siendo lo más habitual entre los 6 meses y un año.

Fig 2 : Campímetro Humphrey

Con todo esto podemos concluir que no siempre una PIO alta significa glaucoma, no todos los defectos en el campo visual son por glaucoma y existen diferentes enfermedades que pueden dañar el nervio óptico a parte del glaucoma. Es el sumatorio el resultado de las diferentes pruebas el que finalmente nos dará un diagnóstico certero de la enfermedad.